Hoy amanecimos en la oficina de Vigilancia familiar de la Comisaría de Policía en Uripa que gentilmente nos facilitaron para pasar la noche, poco antes de las 5 de la mañana uno de los policías nos despertó ya que el día anterior le habíamos comentando que nuestro objetivo para hoy era Andahuaylas y el como buen conocedor del páramo que nos tocaba atravesar nos recomendó que lo hagamos muy temprano para aprovechar la frescura de la mañana ya que a partir de las 11 el sol pegaba con mucha fuerza e iba a diezmar nuestro avance. Ernesto tuvo un contratiempo con la parrilla en su bicicleta que enseguida fue solucionado, avanzamos al restaurante más cercano donde nos servimos una colada de quinua con manzana junto con dos panes, era la primera vez que me servía quinua en esta forma, lo había hecho en sopa pero definitivamente estuvo deliciosa.

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Para no tener los mismos problemas y pasar hambre en el páramo o puna que se la conoce en el Perú a este ecosistema le pedimos a la señora que nos prepare unos 4 sanduches para llevar. Es así que nuevamente comenzamos a ascender, a nuestro paso pudimos observar el planeo de un curiquinge característico del páramo, es sorprendente que durante todo nuestro paso por los Andes peruanos todo el bosque nativo ha sido reemplazado por pasto para ganadería y por sembríos de papa, quinua, alverja yhaba especialmente; esto contrasta con nuestro país que a pesar de la marcada deforestación que existe aún nos podemos encontrar con bosque nativo y de vez en cuando tener la dicha de cruzarnos con cierta fauna como venados, tapir, guatusas, entre otros mamíferos pequeños. Ya casi coronando los 4300 metros de altitud me encontré con Ebertina Guamán con un rosto lleno de sorpresa me alzo la mano y exclamo “mucha suerte paisano”, me detuve un momento a saludarla y me comentaba que vive sola junto a su marido criando ovejas, vacas y alpacas, madre de 6 hijos que estudian en Ayacucho, cuando tiene alguna necesidad suya o de sus hijos simplemente vende uno de estos animales en Uripa y suple sus necesidades, luego de esta entretenida conversación me despedí y continuamos con nuestro cotidiano pedaleo.

Pasadas ya unas cuatro horas desde que salimos de Uripa, estábamos en la cima del páramo donde nos sentamos para servirnos los sanduches de queso y fotografiar un centenar de Alpacas, pero esto no fue más de 20 minutos ya que no queríamos que se nos enfríe el cuerpo, que a estas alturas nos podría pasar factura.

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Comenzamos a descender vertiginosamente y a ganar velocidad en dirección a Andahuaylas, definitivamente no hay nada más placentero cuando vas en bici que bajar como un rayo por las colinas, sintiendo esa libertad que solo te puede dar la bicicleta; ya recorridos más de 20 minutos me quede pasmado por los grandes abismos de los cuales se deleitaban mis ojos, en una de estas curvas me encontré con Florencio Acuña un campesino que se encontraba sentado en una piedra en el sector de Magmajocha ,esperando a unos comuneros que estaban haciendo la limpieza del reservorio de agua que proveía del líquido vital a las comunidades de María de Chigmo, Nueva esperanza, Muyabamba, Chichucancha, Chaupiorgo y Pucahuasi; Florencio me explicaba que había dos personas de cada comunidad haciendo una minga (minka en quechua) para este cometido. Después de haber tenido este largo y placentero descenso aproximadamente unos 40 kilómetros, en Nueva esperanza nos servimos un batido de Algarobina, huevo y malta para recuperar energías, aquí disfrutamos de la compañía de unos niños de la localidad donde disfrutamos de un entretenido partido de futbol siendo mi equipo el vencedor, gracias a dos golazos de Hernán, un chibolo muy habil que fue el jugador del partido. Cansados de este extenuante pero extraordinario día cargado de muchas experiencias y vivencias cercanas a la gente de nuestra mágica y exuberante Sudamérica llegamos a Andahuaylas la segunda ciudad más importante de Apurimac a descansar.

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Andrés Verdezoto

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