Despertamos como de costumbre temprano en Pumata en el hostal municipal, un poco ya acostumbrados al frío pero aquí al encontrarse Pumata en la ceja de la montaña un gélido viento corría y arrastraba la hojarasca del parque, ya se extraña bastante el calorsito de las partes bajas que tuvimos durante las primeras semanas del viaje.

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Ya a las 7 de la mañana estabamos en la ruta, para hoy nos esperaban aproximadamente 100km de pedaleo, la cual incluía el paso por la frontera Boliviana para al final del día llegar a Huarina, es así que seguimos bordeando el Lago Titicaca, ya había algo que me llamaba la atención  desde ayer en el lago se observaba como formaciones rocosas o muelles a un par de kilómetros lejos de la orilla pero no fue hasta hoy que las pude observar de cerca, además que pude conversar con Luis la persona que nos sirvió el desayuno; se trataba de criaderos de truchas en jaulas en donde diariamente les llevaban el balanceado para su alimentación, comentaba que es un proyecto nuevo menos de un año,  este tipo de producción de peces irá cambiando paulatinamente el paisaje de las orillas del Titicaca, que de seguro traerá consecuencias ambientales como la fuga de algunas truchas de los estanques y comenzarán su proliferarse por todo el lago; al ser una especie exótica, dominante y ajena a este ecosistema reducirá drásticamente las especies nativas del Titicaca.

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Después de 35km de recorrido habíamos llegado a Casani que era el punto fronterizo entre Perú y Bolivia,  aquí chequeamos nuestros pasaportes y cambiamos unos  cuantos soles por bolivianos, avanzando hacia el control boliviano nuevamente se me rompió la cadena esta vez con Ernesto tardamos mucho más que la vez anterior para solucionarlo,  tuvimos que sacarle dos eslabones a la cadena lo cual provocará mayor presión al utilizar todos los cambios,  vamos a ver como es su desempeño pero lo más probable es que la reemplace por una nueva en la Paz.

Arreglado esto y después de cumplir los respectivos controles migratorios en Bolivia avanzamos hasta Copacabana ubicaba a menos de 10 kilómetros desde la frontera. Este lugar era lo más parecido a montañita en Ecuador bares restaurantes rústicos de colores vivos, playa sol gringos y arena con el pequeño detalle que nos encontrábamos a orillas de un lago y a cerca de 4000 metros de altitud, vaya diferencia!!!

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Alrededor de este sector del lago existen dos islas de la luna y del sol respectivamente, donde los turistas son transportados diariamente a disfrutar de la magia del Titicaca.

En la plaza Sucre almorzamos en un restaurante de comida Tailandesa, que luego de hacernos amigos con la dueña nos hizo un buen descuento,  sin temor a equivocarme ha sido la mejor comida que hemos probado desde que iniciamos el viaje, no recuerdo  exactamente los nombres exóticos de los platos pero estuvo delicioso, si algún día pasan por Copacabana no duden en visitar este restaurante su nombre es Thai Palace.

Durante la comida Doña Susana nos recomendó que no nos vayamos sin visitar el cerro calvario, así que encargamos las bicis aquí y empezamos a subir el empinado empedrado hasta la cumbre, cuando finalmente llegamos  por primera vez tuvimos una vista privilegiada y observar la magnitud del lago Titicaca nuestras miradas se perdían en el horizonte, se divisaba las islas del sol y la luna, entre otras, a nuestro lado izquierdo teníamos una postal de la pequeña pero muy acogedora Copacabana con su muelle y varias embarcaciones fondeadas similar a cualquier puerto de una ciudad costera. La denominación de este cerro es en virtud de que desde la base hasta la cúspide existen cruces que en semana santa se abarrota de feligreses para rezar el viacrucis, en ciertas partes del ascenso si resulta un verdadero calvario, asi que por varias razones acertaron en colocarle ese nombre.

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Ya de regreso recogimos nuestras bicicletas y continuamos la ruta para ascender por una montaña en el altiplano y descender hasta Tiquina donde la carretera se encuentra con el lago y la única vía para cruzar es a través de la gabarra para los automotores y botes pequeños para las personas, aquí nos deleitamos observando como el motorista alimentaba a las gaviotas con canguil y éstas se disputaban y revoloteaban por apoderarse de uno de los granos.  Ya en el otro lado avanzamos hasta Huarina donde pasamos la noche con mucha expectativa ya que al siguiente día llegaríamos a la capital Boliviana y queríamos llegar pronto para adelantar algunos temas logísticos.

Andrés Verdezoto

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