Empezamos nuestro día de una manera muy particular, a las 530 de la mañana Nancy nos golpeaba la puerta de la habitación, pedido que se lo hicimos la noche anterior, para que la acompañemos a ordeñar sus vacas y poder apreciar de cerca su trabajo que le permitía sostener su humilde hogar.

Nancy tenía algunas vaquitas, la primera en ser ordeñada fue Mariana que produjo 20 litros de leche, normalmente da más nos comentaba Nancy, pero Mariana estaba embarazada y por este motivo bajó la producción.

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Mientras Nancy terminaba de ordeñar las vacas conocimos a Ricardo Enríquez, su esposo, una persona muy amable y servicial, el era profesor de una escuelita del lugar donde impartía clases, inmediatamente al vernos habló con Nancy y se pusieron de acuerdo en el menú del desayuno que nos iban a brindar a Andrés y a mi esa mañana, su hijo mayor Paul le pidió la bici a Andrés para ir a comprar el pan y azúcar mientras Ricardo preparaba un delicioso chocolate caliente con la leche que nos proveía Mariana de mala gana, después de todo a quien le gustaría que lo estén manoseando a tan tempranas horas del día jaja.

La temperatura era de 1 C y escuchábamos por la radio que a partir del mes de mayo las escuelas cambiarían la hora de entrada de los alumnos ya que por el invierno y para evitar enfermedades de los niños debido a las frías mañanas que se venían debían ingresar a las escuelas una hora más tarde.

Finalmente llegó Paul con el pansito y Ricardo nos sirvió una taza caliente de chocolate que la necesitábamos de urgencia porque el frío nos estaba congelando todo el cuerpo, mientras desayunábamos Ricardo nos contaba que en el Cusco la celebración más importante es la del Inti Raymi que se festejan en el mes de junio y que previo a esta celebración, como una especie de pregón, se realiza una peregrinación hasta el santuario del Señor del Qoyllor – ritti que quedaba en un cerro a 3700 msnm y que gente de todo el país venían a la peregrinación porque este santo era muy milagroso.

Después del delicioso chocolate llego la hora de partir, se sentía en el ambiente la nostalgia de la despedida al punto de que Brighite, su hija menor, se puso muy triste porque teníamos que continuar nuestro viaje y nos decía que nos quedemos a vivir con ellos para siempre porque la ruta al Cusco era peligrosa y nos podían atropellar. Es increíble el corazón bondadoso de la gente humilde, es inexplicable los lazos que te unen a las personas cuando los sentimientos son sinceros, que en tan pocas horas de conocernos era como que Andres y yo éramos parte de su familia.

Cuando nos íbamos Nancy nos dijo, el Cusco es caro si no encuentran donde quedarse regresen a mi casa que aquí les daremos un espacio. Este tipo de muestras de cariño son las que nos motivan a seguir adelante, las que nos indican cada día que la decisión que tomamos fue la correcta, que este es el sitio y momento donde debemos estar y las cosas que nos suceden son las que nos corresponden vivir.

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Continuamos nuestro camino hacia el Cusco, estábamos llenos de emoción e incertidumbre porque este día cumpliríamos uno de los sueños esperados por mucho tiempo, llegar al ombligo del mundo en bici.

A las 15H00 estábamos arribando a la cuna del imperio Inca y un letrero que decía “Bienvenidos al Cusco” nos recibía, Andrés y yo decidimos cambiarnos las camisetas que llevábamos puestas y nos colocamos la camisa de la Liga de Loja que nos habrían entregado el día de nuestra salida de Loja el capitán Pedro Larrea y Geovanny Cumbicus, queríamos vestir algo que nos identifique con nuestra ciudad para poder sentir esa sangre lojana corriendo por nuestras venas en una de las ciudades más importantes de Sudamérica, donde se percibe por cada una de sus calles y pasillos recorridos nuestros orígenes guerreros y rebeldes del pueblo Inca.

Un sueño hecho realidad, habíamos recorrido más de 2000 Km en bicicleta y nos encontrábamos en la ciudad donde nace la historia de los incas, donde se asientan nuestras raíces y que a través de la perspectiva de la bicicleta nos conectábamos con esta energía mística que nos rodeaba en cada paso durante nuestro recorrido por el Cusco

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Finalmente encontramos un hotel relativamente barato donde pasaríamos las noches de nuestra permanencia en este hermoso lugar.

Ernesto Veintimilla

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