Hoy nos levantamos temprano en esta época del año a las 05:40 ya amanece, enseguida alistamos nuestras alforjas sobre las bicis y desayunamos en el hostal el mesón donde pasamos la noche, que por cierto pagamos 50 soles, la misma habitación un día antes a nuestra llegada costaba 720 soles esto en virtud de que en Ayacucho las fiestas mayores son en semana santa y es el destino preferido de los Peruanos en este feriado, realmente nos pareció una exageración.

Antes de emprender la salida, pasamos por la unidad de turismo del Municipio de Ayacucho haciendo el intercambio de información turística y promocionando el uso de la bici. Ya avanzada la mañana alrededor de las 930 nos dirigimos en dirección sureste para tomar la vía 3s que nos llevaría a san Antonio de Mallanasacc que era la ruta para hoy; esta ruta y la planificación diaria es enviada por mi hermano Juan Pablo a través de la web en la cual nos detalla distancias, relieve, pueblos cercanos etc.

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Apenas saliendo de Ayacucho empezamos a ascender gradualmente, pasando por un pueblito llamado Yanama donde me encontré con Brando, Michael, Juan y Rony cuatro niños hinchas del Intigas (equipo de futbol de Ayacucho) que iban de paseo en su bici al rio aprovechando que hoy no tuvieron clases debido un paro de los comerciantes en la ciudad, junto a ellos avance unos 3km mas adelante donde nos detuvimos para tomarnos un par de fotos y despedirnos.

Algunos kilómetros más adelante tuvimos la suerte de observar cómo se perchaban una pareja de águilas andinas en un eucalipto lo cual evidenciaba que estábamos ascendiendo en la cordillera.

Poco a poco íbamos abandonando la montaña para adentrarnos en el Páramo al igual que los otros días pensamos encontrarnos con pueblos a lo largo de la carretera, pero en esta ocasión no fue así, y nos tocó almorzar un paquete de galletas y un atún que nos había sobrado de jornadas anteriores.

Comenzaron a pasar las horas y a acumularse el cansancio eran cerca de las 4 de la tarde y no llegábamos a la cima que era 4500 metros de altitud, las pendientes se hacían más fuertes y zigzagueantes parecía escaleras al cielo cuestas interminables. De pronto nos sorprendió una nube negra cargada de fuerte granizo que convirtió todo el pajonal en una alfombra blanca, finalmente llegamos a la cumbre pasada las 5 de la tarde. Aquí nos encontramos con la Policía de camino los cuales nos recomendaron ir hasta Ocros que se encontraba a 40km aproximadamente y como era descenso calculamos llegar al caer la tarde, enseguida nos protegimos el cuerpo y continuamos la ruta.

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Efectivamente al continuar hubieron unos descensos, pero estos eran muy pequeños seguidos de rectas y cuestas que con el cansancio, hambre y el frío después de la granizada se volvían muy duros, de a poco la oscuridad nos había cobijado en su totalidad, habíamos avanzado ya cerca de 30 kilómetros y no se percibía ni la más remota posibilidad de algún asentamiento humano, las piernas no daban, los pies casi congelados, sin agua ni comida, el estado de ánimo había caído junto con el sol del día.

Eran las ocho de la noche y comenzó a entrarnos la desesperación, mi miedo principal era que nos puedan asaltar ya nos habían puesto en alerta que durante la noche en este sector colocan piedras y troncos para robar a los vehículos que circulaban en la noche, afortunadamente y gracias a estas cosas nos convencemos cada día más que todo se dará para que el 15 de Junio estemos en Brasil, apareció la patrulla de caminos y nos llevó hasta a Ocros.

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Este ha sido el día más difícil de toda nuestro viaje, el cual nos dejó varias lecciones aprendidas y errores que no debemos volver a cometer que nos podría truncar y tirar al vacío todo lo que hemos logrado hasta el momento.

Andrés Verdezoto

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