Cusco es una de las ciudades más bonitas del Perú y sin temor a equivocarme de Latinoamérica, se conserva una arquitectura que te hace soñar porque te transporta a los años colonizadores, las majestuosas iglesias construidas por los españoles sobre las bases de antiguas construcciones incas con el afán de imponer su religión y costumbres al pueblo que sobrevivió a la conquista son verdaderas obras de arte, que se mezcla con las ruinas arqueológicas de la ciudad inca que rodean al Cusco. Los Incas la llamaron el ombligo del mundo porque es el primer contacto con la madre y lo consideran el inicio o la cuna del imperio Inca.

Sus calles estrechas y de piedra nos hacen imaginar el paso de grandes emperadores Incas que caminaban por estos lugares, una gran ciudad donde se estimaban vivían alrededor de 200000 habitantes y desde donde se administraba todo el imperio del Tahuantinsuyo.

El Cusco, debido al gran afluente turístico que viene a conocerlo, se ha transformado en una ciudad moderna que conserva su patrimonio pero que a su vez se mezcla con las grandes cadenas internacionales ya sea en comida, hospedaje o tiendas de ropa que copan gran parte del centro histórico de esta ciudad, por ende los precios también son más caros que en otras partes del Perú.

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Sin embargo también pudimos encontrar sitios a precios cómodos para hospedarnos y alimentarnos. A un lado de la plaza de armas encontramos a María Luisa, una señora que vende tamales cusqueños en una esquina del centro histórico, conservando una tradición familiar desde 1924 que inició con su madre y ella la continúa hasta el día de hoy, estos tamales son parecidos a nuestras humas lojanas, ella ofrece 2 variedades, de sal y de dulce, las de dulce son muy similares a los quimbolitos pero las de sal son espectaculares, a la huma que conocemos le agrega un condumio como el del tamal y además le adiciona un poco de picante que le da un sabor exquisito, lo único malo es que no ofrece un cafecito de chucho para complementar, se imaginarán la cantidad de tamales cusqueños que nos comimos. Personas de todo el mundo hacen cola en el puestito de María Luisa para comprar su producto que lo vende a 1 sol cada uno.

Conocimos la iglesia de Santo Domingo acentuada sobre los pilares de una ruina inca llamada Qoricancha, una hermosa iglesia imponente por su tamaño y su majestuosidad. A la ciudad del Cusco la rodean algunas ruinas incas como la Fortaleza de Sacsaywaman aquí tenemos una anécdota, nos ofrecieron un city tour para conocer la historia de Cusco y sus alrededores por el módico costo de 18 soles cada uno, pero nos tomó por sorpresa que a cada sitio que visitamos había que pagar una entrada adicional que estaba entre los 30 a 40 soles, básicamente conocimos estos lugares desde afuera, excepto en la fortaleza de Sacsaywaman, al igual que en los sitios anteriores tomamos fotografías desde fuera y nos sentábamos junto al bus, aquí se nos acercó un Señor a ofrecernos ingresar por la mitad de sus costo, nosotros tan sólo contábamos con 50 soles de los 140 que costaba el ingreso para los dos, ya con la impotencia de no haber ingresado negociamos en 40 soles a lo cual este pseudo guía nos hizo ingresar por una entrada informal de la fortaleza, cuando de pronto nos dice que empecemos a correr y como unos verdaderos indocumentados que ingresan al país Yanqui lo seguimos a toda prisa cruzando el alambrado, avanzado unos tres minutos fuimos interceptados por uno de los Guardias que a cambio de una gaseosa, por parte de este insólito personaje nos permitió acceder, de seguro esta anécdota quedará grabada en nuestras memorias por un buen tiempo.

MACHU PICCHU

Luego de averiguar la forma más económica de acceder a Machu Picchu tomamos un autobús hasta el sector de Hidroeléctrica a 7 horas de Cusco, estuvimos cerca de las 3 de la tarde, de aquí habían dos opciones avanzar en tren desde aquí unos 45 minutos o siguiendo las rieles a pie, escogimos la segunda opción con un recorrido de 3 horas aproximadamente, durante esta caminata íbamos conversando sobre algunos proyectos futuros, analizando el viaje, emocionados por haber llegado al Cusco, entre otras cosas, de a poco íbamos adentrándonos a un paisaje mágico de las estribaciones orientales de la cordillera de los Andes, lleno de bosque ya que a más de ser un Santuario arqueológico, Machu Picchu también era un área protegida, de pronto en una breve pausa de la tertulia observé a lo lejos cerca de uno de los durmientes de la riel un pequeño movimiento, le hice señas a Ernesto para detener la marcha y acercarnos cautelosamente, donde pudimos observar una de esas postales que te regala la naturaleza era una traviesa guatusa que se alimenta de una semilla del bosque, enseguida notó nuestra presencia tomo posición de alerta nos quedó viendo por unos 30 segundos y desapareció suavemente entre los arbusto a orillas del río Urubamba, apenas pudimos captar un pequeño video de este roedor característico y muy común de los bosques nublados donde inicia la Amazonía.

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A partir de este hermoso avistamiento le comentaba a Ernesto sobre la importancia que encierran los bosques nublados andinos hogar del oso de anteojos, puma y tapir de montaña especies banderas de estos ecosistemas, ya cerca de llegar a Aguas Calientes donde íbamos a pernoctar esa noche y ya cerca de las 6 de la tarde a unos escasos 20 metros revolotearon rápidamente dos aves de color naranja con negro de considerable tamaño, que por su aspecto y su cantar escandaloso se trataba de un par de gallitos de la peña quienes nos daban la bienvenida a Aguas Calientes, personalmente me sorprendió que entre las montañas y después de haber caminado por un hábitat prístino e inhóspito para el hombre, haya un pueblo de tanto movimiento cosmopolita similar a la plaza Foch en Quito o Montañita en Santa Elena lleno de hoteles ostentosos, restaurantes entre modernos y rústicos. Ya adentrándonos en Aguas Calientes cenamos y nos dispusimos a dormir ya que al día siguiente la jornada iniciaría a las 4 de la mañana para ascender a las ruinas de Machu Picchu.

Nos costó un poco la levantada, desayunamos una taza de té de anís con un par de tamales cada uno que le habíamos comprado a Doña María Luisa en la Plaza de Armas muy deliciosas y económicas; si algún día están por aquí no dejen de probar esta tradicional receta.

Comenzamos a dirigirnos a la garita de ingreso a las ruinas ubicado a 20 minutos de Aguas Calientes, cuando llegamos, era impresionante la cantidad de gente que había de todos los lugares del mundo, a las 5am en punto comenzó el chequeo de las entradas y empezamos a subir los escalones de piedra durante hora y media hasta llegar a la puerta de entrada a Machu Picchu para llegar aquí también había la opción de pagar un bus que por 25 dólares te subía y bajada de este sitio. Durante esta caminata vimos el amanecer donde los escasos rayos de sol intentaban penetrar la espesa niebla.

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Antes de ingresar por el segundo y último filtro a Machu Picchu reemplazamos nuestras camisetas por unas secas ya que estaban llenas de sudor después de ese maratónico y fascinante ascenso.

Ya en el interior desde que pusimos nuestros pies sobre los caminos de las ruinas de Machu Picchu considerada la segunda maravilla del mundo más visitada, sentimos una energía impresionante e indescriptible, era inconcebible pensar como los Incas construyeron una ciudad con piedras enormes y bien talladas, en la cima de una montaña sobre los 2600 metros de altura, el guía nos comentaba que este sitio era exclusivo para la cúpula Inca artistas, astrónomos, científicos, arquitectos, ingenieros y gente de linaje eran quienes habitaban aquí, este sitio es tan bien diseñada y estratégicamente ubicado que no puede ser apreciado desde ningún lado hasta no llegar a esta la puerta de entrada mismo. Son tan detallados y minuciosos los relatos del descubrimiento de Machu Picchu por parte de nuestro guía que son imposibles incluirlos a todos aquí, además que no quiero alargar mucho mi relato, lo que si nos motivó a conseguir antes de abandonar el Cusco es el libro de Garcilaso de la Vega historiador de todo el imperio Inca para conocer más a fondo está magistral obra.

Antes de abandonar las ruinas y después de haber fotografiado y recorrer toda la ciudadela nos tomamos unos 20 minutos cada uno por su lado para cargarnos de energías, meditar y llevarnos una última postal en nuestras retinas y mentes de esté místico lugar.

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Me senté frente a la montaña Putucusi que en quechua significa montaña feliz y comencé a grabar en mi memoria esa forma curvilíneas y aislada de esta montaña que era bordeada por el impetuoso río Urubamba, la niebla sutilmente abrazaba a Putucusi y comenzaba a cubrir toda la ciudadela de esta cortina húmeda y blanquecina, rodeado de ese paisaje cerre mis ojos y agudice mis oídos escuchando ligeramente el golpe fuerte del agua sobre las rocas del río y el trinar de las golondrinas que adornan las paredes rocosas de Machu Picchu. De pronto escuche voces y risas de otros turistas que me volvieron a la realidad; además que teníamos la premura del tiempo para regresar y estar a las 2 de la tarde en punto en hidroeléctrica para tomar el bus a Cusco, enseguida busque a Ernesto y empezamos el regreso. Durante el camino compramos unos 10 maduros (guineos) que nos sirvieron de almuerzo ya que no tenías el tiempo para hacerlo y aún nos faltaba poco más de dos horas de travesía. Sin más llegamos tomamos el bus para dirigirnos al Cusco con la promesa de algún día regresar con más tiempo y conocer más profundamente los encantos y montañas aledañas a esta ciudad forjada a base de piedra, fortín del imperio incaico.

 Andrés Verdezoto

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