Iniciamos este tramo muy temprano, la temperatura estaba alrededor de los 2º C así que nuestra vestimenta comprendía un par de guantes de lana, dos chompas, una licra térmica y un calentador sobre la licra para mantenernos calientes por lo menos las primeras horas de la mañana hasta que el sol poco  a poco nos vaya abrigando, a unos 25 Km de la ruta nos detuvimos a observar una hermosa cascada bajo la riel del tren que transportaba a los turistas en la ruta Cusco – Puno, queríamos fotografiar este paisaje andino, aquí observamos que había un restaurante a través del cual llegábamos a un punto privilegiado para poder lograr nuestro cometido. Andrés pidió la autorización a los dueños quienes gustosamente nos permitieron ingresar a su propiedad y después de realizar múltiples fotografías, incluidas las de nuestros auspiciantes, iniciamos una conversación muy interesante con Fernando Castelo, administrador del restaurante La Pascana quien nos indicaba que había dedicado algunos años de su vida a investigar, a través de diferentes autores, sobre el imperio Inca y nos comentaba datos muy interesantes sobre su historia, recomendándonos cierta literatura que él consideraba era la más cercana a la realidad a diferencia de la información que podíamos encontrar en los libros de Garcilaso de la Vega respecto a la historia de los Incas. A nuestra despedida llenó nuestras cantimploras de Té de Coca y nos enseñó un rito ancestral que los Incas realizaban al iniciar su día que consistía en seleccionar las  tres mejores hojas de Coca y dedicarlas a sus Apus (montañas que eran consideradas sus dioses), realizaban una petición luego las soplaban para ser  lanzadas al aire, se las comían o las lanzaban a un río, esto era una señal de buena suerte o buena energía.

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Continuando nuestro viaje y tomando en cuenta la recomendación de nuestros amigos franceses llegamos hasta Aguas Calientes de Occabamba, un balneario cuyo atractivo consistía en piscinas de aguas de manantial que brotaban de un volcán que lo consideraban el más pequeño del mundo las cuales alcanzaban una temperatura de hasta 50 º C, lo interesante de este lugar es que era administrado por la comunidad la misma que se beneficiaba de los ingresos económicos que generaba este sitio visitado por muchos turistas al estar ubicadas a un lado de la carretera principal, de acuerdo a los comuneros estas aguas tienen propiedades curativas y son buenas para algunas enfermedades basándose en estudios realizados en laboratorios.

Antes de ingresar al balneario un exquisito olor nos llamó la atención a Andrés y a mí,  el cual provenía de unos hornos artesanales donde se preparaban suculentas carnes a la parrilla como la trucha, el pollo y el cordero, no dudamos ni un minuto en probarlos así que después de regatear el precio y ponernos de acuerdo con la caserita nos instalamos a degustar de una carne de cordero y una trucha a la parrilla.

Después de haber llenado nuestras barrigas y tener el corazón contento ingresamos al balneario por un módico precio de 2 soles cada uno, don Julián, quien era el administrador del lugar nos dijo que podíamos utilizar todas las instalaciones y que era un gusto para él recibirnos en Aguas Calientes. Hacía mucho frío ya que nos encontrábamos cerca de los  4000 metros de altura pero al ingresar a la piscina todo el frío desapareció y solo se sentía como los músculos se relajaban al contacto con el agua, después de haber pedaleado alrededor de 2600 Km este baño era justo y necesario.

Luego de disfrutar de las relajantes y cálidas aguas termales, nos despedimos de Occabamba, recargamos nuestras cantimploras con mate de muña (planta característica de los páramos peruanos) por un sol cada uno y partimos rumbo a Puno durante nuestro ascenso pudimos disfrutar de paisajes mágicos que solo nos puede regalar la Pacha mama,  y observar algunas especies de aves como gaviotas, halcones, palomas y particularmente un simpático Curiquingue que por el lapso de media hora se burló de mi varias veces, justo cuando me predisponía a sacarle una foto volaba y se posaba unos metros más adelante en la carretera y así esta escena se repetía por varias ocasiones, finalmente y ante la ausencia de mi lente telefoto de larga distancia el Curiquingue salió victorioso y no pude llevarme un retrato de esta imponente ave que domina los páramos andinos.

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A propósito del lente telefoto, así como también mis binoculares  eran parte de mi equipaje cuando salí de Loja, donde podía combinar y disfrutar de todas mis pasiones en un solo viaje,  la fotografía de naturaleza, la observación de aves y el cicloturismo, lamentablemente debido al gran peso que llevábamos en las alforjas tuve que enviarlos de regreso a Ecuador, ahora luego de poco más de un mes paradójicamente nos hemos vuelto a cargar de peso entre chompa, guantes, gorro, bufanda  y medias de alpaca para soportar el gélido frío, ya a esta altura del viaje el tema del peso ha  pasado a un segundo plano ya que hemos ganado mayor vigor y fortaleza en la fuente de energía que son nuestras piernas.

Después de esta breve reflexión, habíamos llegado a la Abra La Raya que era la cima de la carretera y la división jurisdiccional entre el Cusco y Puno, aquí llamaron mi atención dos cosas, la primera que luego de haber pasado gran parte de la cordillera de los Andes por primera vez teníamos un cielo totalmente despejado y podíamos disfrutar del glacial de la cordillera y la segunda que en este punto es decir a los 4500 metros de altitud había un mercado artesanal a la intemperie, no sé cómo esta gente soporta estos vientos helados todos los días para ganarse unos cuantos soles, de seguro con los años sufrirán problemas relacionados a la artritis y reumátismo

A partir de aquí iniciamos a descender en dirección de Puno a lo largo de la vía podíamos observar centenares de Alpacas, en uno de estos rebaños me detuve un momento para conversar con Don Eriberto que pastaba estos camélidos sudamericanos, él era empleado de una Universidad de Puno que en este sitio tenían una finca experimental para los estudiantes de zootecnia, en donde su jornada empezaba todos los días a las 6 de la mañana y terminaba en el ocaso del día, su único colega de pastoreo era Capitán su perro que a más de ser su compañero era el encargado de corretear a cualquier Alpaca que intentanse fomentar el desorden y no acatar las órdenes de .Don Eriberto.

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Finalmente luego de terminarse el descenso comenzamos a ciclear por el altiplano peruano que eran unas rectas interminables  y muy monótonas, después de recorrer decenas de kilómetros de esta tediosa travesía arribamos a Juliaca un poblado relativamente grande no pudimos observar su real dimensión ya que enseguida nos emrrumbamos hacia Puno  pero a primera vista era un  poblado donde predominaba el desorden y bastante comercio informal, nos despido con un fuerte viento que levantaba el polvo de sus calles, sin mas continuamos nuestro trayecto por el altiplano y al igual que el tramo anterior eran largas rectas rodeadas de pajonal y cada cierto tramo bañados por sistemas lacustres, de esta manera y ya entrada la noche llegamos a Puno que debido al cansancio y al cansancio encontramos un hostal económico en las afueras de esta ciudad y descansamos profundamente.

Al parecer no mencionamos en el texto, pero  este recorrido lo hicimos durante dos días, en donde hemos compilado el relato de Ernesto y el mío del segundo día.

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